domingo, 8 de abril de 2012

Resucitó


Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor.- Vigilia Pascual
¡No está aquí, ha resucitado!

Llegamos a lo que es culmen del triduo pascual: el crucificado es ahora el resucitado a quién el Padre, habiéndolo liberado de la obscuridad de la muerte, lo ha convertido en el “Kyrios”, el Señor, fuente de vida y de salvación para toda la humanidad. La celebración del Domingo de Pascua (el domingo por excelencia) empieza desde la Vigilia Pascual. Según una tradición muy antigua, ésta es una noche de espera vigilante en la oración en honor del Señor resucitado. Los fieles, llevando en la mano – según la exhortación evangélica (Lc 12, 35-55) – lámparas encendidas, se asemejan a quienes esperan el regreso de su Señor para que, cuando Él vuelva los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa.

La celebración de la vigilia tiene cuatro partes y se desarrolla de la siguiente manera: después de la breve liturgia de la luz o “lucernario” (primera parte), la santa Iglesia, llena de fe en las palabras y promesas del Señor, medita los portentos que Él obró desde le principio a favor de su pueblo (segunda parte o liturgia de la Palabra), y cuando el día de la resurrección está por llegar, encontrándose ya acompañada de sus nuevos hijos, resucitados en el bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa que el Señor ha preparado para su pueblo, por medio de su muerte y resurrección (cuarta parte o liturgia eucarística). Expliquemos brevemente cada una de estas partes.

Primera parte.- Lucernario o solemne comienzo de la Vigilia.
Con el templo a obscuras, fuera de la Iglesia o a la entrada, se bendice el fuego nuevo símbolo de la vida nueva de Cristo Resucitado. Se bendice después el cirio Pascual y los cirios e todos los fieles. Se enciende el cirio pascual con el fuego nuevo diciendo: “Que la luz de Cristo resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu. El cirio encendido símbolo de la presencia del resucitado en la comunidad se va abriendo paso en medio de la oscuridad del templo, al mismo tiempo que se proclama: ¡Cristo luz del mundo! Del cirio pascual se encienden los cirios de todos los fieles. Esta primera parte termina con la proclamación del Pregón Pascual, un himno de exultante alegría que anuncia la victoria del Resucitado.

Segunda parte.- Liturgia de la Palabra.
En esta Vigilia, “madre de todas las vigilias” como la llamaría San Agustín, se proponen nueve lecturas, siente del antiguo testamento y dos del nuevo, la Epístola y el Evangelio. En ellas se trata de recoger todas las maravillas que Dios ha hecho a través de toda la historia de la Salvación que culmina con el envío de su Hijo al mundo para que nos redimiera. El Evangelio de esta noche, como los Evangelios del Domingo de Resurrección, es especialmente significativo: Cristo ya no está en el sepulcro y una frase que condensa todo el gozo de esta noche “No se espanten. Buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. No está aquí; ha resucitado; miren el sitio donde lo habían puesto. Ahora vayan a decirles a sus discípulos y a Pedro: “El irá delante de ustedes a Galilea. Allá lo verán, como Él les dijo”
Una ausencia del Crucificado que se convierte en una nueva presencia del Resucitado.

Tercera parte.- Liturgia Bautismal.
La Vigilia Pascual tiene un profundo sentido bautismal. Como dijera Pablo; con el bautismo fuimos sepultados con Cristo en su muerte, para que así como Cristo resucitó de entre los muertos, así también nosotros emprendamos una vida nueva (cfr. Rom 6, 3-9). Siguiendo una antigua tradición de la Iglesia, los catecúmenos son bautizados en esta noche y aceptados oficialmente en la comunidad de los fieles, que también juntamente con ellos renuevan las promesas de su bautismo.

Cuarta parte.- Liturgia Eucarística.
Si la proclamación del Evangelio de la Resurrección es el núcleo, la Eucaristía Pascual es el momento culminante de cuanto se ha ido celebrando: la Vigilia se encaminaba a esta parte de la celebración. El Crucificado que es ahora el Resucitado, actualiza en medio de los suyos el misterio de su Pascua y se da como el verdadero “pan de vida” que nos fortalece en el combate de la vida diaria.

En definitiva, Pascua es la certeza viva de la presencia del Resucitado en el mundo y en lo más profundo del corazón del creyente. Es la posibilidad de una vida nueva que brota de Cristo Resucitado; que da una nueva dimensión a la existencia. Es la posibilidad de transformar una “ausencia” en una “presencia” transformadora del hombre y del mundo

¡¡¡¡ Felices Pascuas de Resurrección!!!!





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