martes, 25 de febrero de 2014

Al encuentro con la Palabra


VII Domingo Ordinario (Mt 5, 38-48)
“Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen”

Continuamos con el Sermón de la Montaña. Este domingo terminamos la sección que tiene que ver con el sentido profundo de la Ley que se desarrolla en base a “antítesis” : “Sabéis que se dijo a los antiguos… pero yo os digo” Puede ser útil  recordar el texto del domingo pasado; el de hoy es continuación del de hace ocho días. Son las dos últimas antítesis con las que termina esta sección.

No olvidar también los dos versículos que nos dan la clave de interpretación de toda esta parte del Sermón de la Montaña que también leíamos el domingo pasado: “No crean que he venido a abolirlos, sino a darles plenitud” y “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán en el Reino de los Cielos”

Hoy se nos habla sobre la venganza. “Han oído que se dijo Ojo por ojo y diente por diente”. Es la famosa Ley del Talión, referencia normativa no únicamente para el pueblo de Israel, sino para todos los pueblos del antiguo Oriente. Con ella se quiere resarcir el equilibrio conforme al bien lesionado. Pero en la práctica no se restablece ningún equilibrio, sino que se entra en una espiral de violencia que no tiene fin. Violencia que, por otro lado, “deshumaniza” y nos va introduciendo en un dinamismo de “animalización”, lo que priva es el instinto, no la razón.

Por eso Jesús nos propone entrar en un dinamismo totalmente opuesto. Los versículos que van del 39 al 42, más que tomarlos en su sentido literal, que podrían entenderse en tomar una actitud totalmente pasiva, hay que entenderlos en lo que quieren significar: no respondas al mal con mal, sino responde al mal con bien, que no tiene nada de pasividad.

La última “antítesis” se refiere al amor a los enemigos: “Habéis oído que se dijo: ama a tus amigos y odia a tus enemigos”, Yo, en cambio les digo: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian”. Para ser mejores que los escribas y fariseos es necesario extender el amor al prójimo, incluso a los enemigos. Este es el modo más auténtico de imitar a Dios, su santidad y su perfección. Estamos en el corazón del Evangelio. No hay excusas que valgan, en el corazón del discípulo, en la médula de las bienaventuranzas, el amor y la oración por los enemigos, por los que nos han hecho mal, es la primera respuesta para crear nuevas relaciones con quien se muestra hostil.

Jesús por tanto, no niega que los enemigos sean enemigos; pero recuerda que además son hermanos, son hijos del mismo Padre, igual que tú y yo. No se trata de negar la realidad, de lo que se trata es de recordar que aquella persona que es enemiga también es hija del Padre del cielo. Eso hace que la posición de uno, cambie ante el otro. De lo que se trata es de entrar en la “nueva ética” del Reino. Y la razón última del evangelio del domingo pasado y de este: “Para que sean hijos del Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos. Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”. Somos llamados a asemejarnos a ese Padre que ama sin medida y sin distinción de personas.

La fuerza transformadora del Evangelio de hoy la hemos constatado en las personas de un pasado reciente como Mandela, que fue capaz de romper en Sudáfrica la inhumana segregación racial; de Martin Luther King, el gran defensor de los derechos humanos de los negros en Estados Unidos; de Gandhi que fue capaz de romper el dominio del Imperio Británico en la India y darle su independencia. Todos ellos renunciando a responder a la violencia con violencia, pero creyendo y viviendo en la fuerza transformadora del amor y del bien. Ellos fueron los creadores de lo que hoy se llama “resistencia pacífica”

Quisiera terminar la reflexión del Evangelio de hoy con el pasaje donde Jesús nos dice “Porque si Ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿no hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan solo a sus hermanos ¿qué hacen de extraordinario? ¿no hacen eso mismo los paganos?. Jesús nos está diciendo que sus discípulos estamos llamados a dar “un plus” es decir “más” en la práctica del amor. No podemos quedarnos en el “mínimo” en el cumplimiento de la Ley.

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