lunes, 8 de abril de 2013

Al encuentro con la Palabra


Domingo de Resurrección (Jn 20,1-10)
Estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro
            Los cuatro evangelios presentan a las mujeres que van al sepulcro vacío el primer día de la semana, pero sólo en Juan sucede que María Magdalena visita el sepulcro dos veces. La que presenta este texto, cumple principalmente la función de preparar el escenario para el relato de Simón Pedro y el Discípulo Amado.
            Los discípulos viven, antes de encontrar al Señor resucitado, el sufrimiento de la experiencia de ver la tumba vacía: constatan la ausencia del cuerpo de Jesús. Los relatos de la resurrección se abren con dos precisiones cronológicas: “El domingo” y “por la mañana, muy temprano, antes de salir el sol” (v. 8). La expresión sugiere comienzo, nueva creación. El día inicial de una nueva semana, el domingo, verdadero día del Señor en que la fe amante, no iluminada todavía por la luz del Resucitado, camina en la oscuridad y va más allá de la muerte.
            Pedro y Juan van al sepulcro para ver si es verdad la noticia que les ha traído María Magdalena (v. 2). Ambos, salen corriendo (vv. 3-4). Ella explicaba el sepulcro vacío por un robo (v. 2). Pedro y Juan observan un dato importante, que no favorece la interpretación de María Magdalena: los ladrones no se han llevado las mortajas. El sudario está separado de los otros lienzos (v. 7). Juan cree en la resurrección (v. 8). Son los ojos de la fe y la luz de la Palabra de Dios (v. 9) los que permiten ver la resurrección de Jesús en el sepulcro vacío.
            Jesús no siempre está en donde creemos que está, ni donde nos gustaría que esté, sino en donde Él se pone. No saber “dónde lo han puesto”, no es razón suficiente para desesperanzarnos, sino para seguir buscándolo. El sepulcro vacío, nos lanza a buscarlo siempre.
            Señor Jesús, conscientes de que somos tus discípulos, aún con todas las herramientas que hoy tenemos a la mano, nos sucede lo mismo que a los discípulos que, “hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos” (v. 9). Ayúdanos a ser testigos de tu resurrección, testigos de tu vivir en nuestro existir. Deseamos llevar a otros esta buena y gran noticia, a fin de que vivan en la esperanza.
            Creemos Señor Jesús, que nos amas sin límites y que te has comprometido con la humanidad hasta la muerte. Creemos, que estás con nosotros, alentándonos en nuestro empeño por encontrarte y amarte. Creemos que existen personas que, como María Magdalena, testimonian todavía hoy el atractivo de Cristo. Es en ella que descubrimos que:
El amor madruga más que el sol.
El amor es luz en la oscuridad.
El amor hace testigos de lo invisible, de lo “increíble”.
El amor no mide, derrocha.
El amor tiene bastante con amar.

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