martes, 11 de diciembre de 2012

Al encuentro con la Palabra


Segundo Domingo de Adviento (Lc. 3, 1-6)
“Lo importante es no perder el humilde deseo de Dios”.

Nos vamos adentrando en el comino del Adviento. Hoy el Evangelio nos presenta a uno de los personajes propios de este tiempo litúrgico: Juan Bautista.

En la presentación del Bautista, Lucas subraya en primer lugar el acontecimiento de gracia de la “palabra” que viene a él: “vino la palabra de Dios en el desierto sobre Juan, hijo de Zacarías” (v2). El desierto de Lucas aparece aquí, no únicamente como un lugar geográfico, sino como una actitud humana del silencio y despojo en la que la palabra es acogida.

Al “acontecimiento” de la palabra, el evangelista antepone también un cuadro histórico de gobernantes civiles y religiosos (vv 1-2) para significar la historicidad de la palabra: se da en circunstancias históricas y es palabra para esas condiciones.

El desierto es el lugar donde Juan “recibe” la Palabra y la región del Jordán es el lugar donde proclama esa Palabra a los demás, invitándolos a la conversión. Habiendo escuchado la Palabra de Dios en el desierto, Juan puede hacer resonar su invitación como oferta de salvación a todos.

Viene después un texto del profeta Isaías (vv 4-6) a través del cual Lucas describe en imágenes simbólicas el contenido de la misión del Bautista. Históricamente este texto se refería a la preparación del regreso a su patria, del pueblo de Israel cautivo en Babilonia. Pero ahora tiene una connotación actual: Dios viene a dar cumplimiento a su promesa de salvación, y, por lo mismo, hay que prepararle el camino. La actualidad de la Palabra sigue teniendo vigencia para nosotros.

Vamos caminando con la Iglesia para preparar la Navidad, y en este segundo domingo de Adviento escucho con insistencia “a prepararle el camino al Señor” ¿Cómo abrirle caminos a Dios? ¿Cómo hacerle más sitio en nuestra vida?

Búsqueda personal.- lo primero es buscar al Dios vivo, que se nos revela en Jesucristo. Abrirnos a su Palabra. El Señor nos recuerda que el encuentro con su Palabra es más fuerte que los imperios y que los grandes de este mundo, aprender a escucharla en el silencio (el desierto) y la disponibilidad. Dios se deja encontrar por aquellos que lo buscan.

Atención interior.- para abrir un camino a Dios, es necesario descender al fondo de nuestro corazón. Quien no busca a Dios en su interior es difícil que lo encuentre fuera. Dentro de nosotros encontraremos miedos, preguntas, deseos, vacío… no importa, Dios está ahí. Él nos ha creado con un corazón que no descansará sino en Él.

Con un corazón sincero.- lo que más se acerca al misterio de Dios es vivir en la verdad, no engañarnos a nosotros mismos, reconocer nuestros errores. Es el inicio de un camino de conversión. Tomando el texto de Isaías que describe el mensaje del Bautista, tendríamos que preguntarnos ¿qué significa para nosotros “que todo valle será rellenado”? ¿Cuáles son los vacíos que tenemos que llenar? ¿las cosas de debería haber y no hay?

“Toda montaña y colina rebajada”.- ¿Cuáles son las cosas en nuestra vida que tenemos que quitar, lo que es obstáculo para que Dios entre en mi existencia?. “Lo torcido se hará derecho y los caminos ásperos serán allanados” ¿Qué es lo que hay que enderezar en mi vida y lo que hay que allanar para “hacerle camino a Dios” y pueda venir a mi?

Todas estas imágenes son un llamado a ponerles nombre a las circunstancias concretas de nuestra vida; sino, se quedarán únicamente como eso: imágenes. Aquí está la concretización de nuestra conversión. Cada uno ha de hacer su propio recorrido. Dios nos acompaña a todos. No abandona a nadie y menos cuando se encuentra perdido. Lo importante es no perder el humilde deseo de Dios y así, solo así, podremos “ver la salvación de Dios”, vivir en la navidad la experiencia del “Dios con nosotros”


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